Contra los poderes constituidos. Manuel Chaves Nogales
Diario "Ahora" 5 de abril de 1935 (2 de Febrero de 2026)
El insigne periodista Manuel Chaves Nogales, profundo conocedor de la religiosidad popular de su Sevilla natal en la época que le tocó vivir, reflejó con su maestría habitual las paradojas y peculiaridades que la sociedad sevillana mostraba en la celebración de la Semana Santa.
En un extenso artículo, publicado a doble página en el centro del periódico, glosa la belleza de las procesiones de su Sevilla y cuenta algunas anécdotas y entresijos de la vida cofrade que reflejan de qué forma se vive esta época del año.
Sin embargo, para rematar el artículo Manuel Chaves Nogales, escribe unas líneas en las que realiza una profunda reflexión sobre el origen mismo del fenómeno: el cofrade y su forma de entender su religiosidad, que no atiende, en muchas ocasiones, los exhortos procedentes tanto del poder religioso como del político.
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Mencionar que pese a que el artículo y más concretamente la parte final transcrita, se refiere a la Semana Santa sevillana, puede hacerse extensiva a cualquier lugar de nuestra geografía en el que se celebre este acontecimiento anual desde hace varios siglos.
Contra los poderes constituidos
El riesgo es grande, el coste excesivo, la abnegación de los cofrades ilimitada. Sin este espíritu de sacrificio que tienen las Hermandades no habría Semana Santa en Sevilla. No hay que hacerse la ilusión de que alguna vez pueda ser este un festejo municipal, cuya organización entre dentro de las posibilidades presupuestarias de la Comisión de fiestas del Ayuntamiento. Sin las Hermandades, sin esa supervivencia medieval de las Cofradías, no habría Semana Santa en Sevilla por mucho que se empeñasen en ello la Iglesia o los Gobiernos. La Semana Santa sevillana no es obra, ni de los curas, ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular de origen gremial, que ha estado siempre en pugna con los poderes constituidos. Los dos enemigos natos de la Semana Santa son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y el del Estado. El buen capillita se pasa la vida hablando mal de ellos y protestando contra sus decisiones.
Claro está que, como el cofrade es por principio hombre religioso y ciudadano pacífico, no puede ponerse abiertamente en lucha con los representantes de la Iglesia y del Estado, pero en realidad, su obra, las cofradías, se ha ido haciendo a espaldas de ambos, y muchas veces a su pesar
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